La disparidad en COVID19

Esta pandemia democratiza la vulnerabilidad humana, mas aún se pueden evidenciar los impactos tan dispares entre un nivel socioeconómico alto o bajo.

Las personas con menos recursos deben tomar un bus o metro lleno y visitan con mayor frecuencia mercados donde el nivel de contagio ha penetrado más.

Oficios como jardineros, albañiles, personal de limpieza u otros servicios que son normalmente mal remunerados no pueden ajustarse al teletrabajo y se ven muy perjudicados con el aislamiento social o lock down.

Clases más acomodadas tienen acceso a un mejor servicio de salud y pueden retirarse a sus villas o casas bien equipadas, a beber el vino de sus cavas y disponer de alimentos y equipamiento para poder tener entretenimiento en casa y hasta preparar cenas gourmet.

En países más desarrollados, como Alemania o Noruega, el servicio social es muy bueno y todos tienen acceso a él. Sin embargo en países como Perú, contar con un servicio de salud donde tengas atención inmediata, medicamentos y servicios a tu alcance, se limita a una porción acomodada de la sociedad.

Hasta que punto tomamos conciencia de nuestro aporte a esta disparidad?

Al contratar un servicio de asistencia en el hogar o nana, por ejemplo, pagamos un precio de mercado, lo cual no digo que esté mal, pero lo hacemos con el conocimiento de que su aporte en nuestra vida es alto y su salario le permite tener un nivel económico bajo.

Durante esta pandemia algunas personas han decidido continuar el pago de estos salarios al margen de que la persona permanezca en su casa, cuidándose y cuidando a su familia.

Esto evidencia que tenemos una gran compasión que se enciende más cuando atravesamos una crisis. La precariedad de los recursos del sector bajo de la sociedad son de conocimiento de todos, y sabemos que en gran medida depende de nosotros romper estar “reglas de mercado” para balancear la desproporcionada distribución de recursos.

En países como Perú donde sabemos que por un salario mensual de USD 250 – 300 podemos contratar a alguien que nos cargue las sillas a la arena de la playa, limpie lo que no estamos dispuestos a limpiar, y haga lo que le requerimos dedicando más de 8 horas de su día por poco dinero. Será que valoramos muy poco su aporte? Será que su tiempo no es valioso pero el nuestro si?

Cuando buscamos un trabajo en una oficina corporativa pedimos salarios de al menos cuatro cifras, por diversas razones:  podría ser porque invertimos bastante dinero en educación… o de dónde viene este creer merecer más?

Cuando converso con amigos escandinavos, donde hay un modelo económico socialista, y la brecha salarial es bastante más achatada que la de Latinoamérica, reconozco que creen es lo mejor, al margen de que esas sean las reglas de su mercado. Es decir, el sentir común apoya que todos debemos tener las mismas oportunidades y que los recursos básicos (educación, salud, transporte) deben estar al alcance de todos, porque son de subsistencia y todos los seres los necesitamos para sobrevivir.

Te invito a reflexionar cómo tu puedes achatar esta brecha, sin esperar que el papá estado se encargue de todo.

Namaste.

1 comentario en “La disparidad en COVID19”

  1. La educación es muy importante, me refiero a la que se imparte en casa y la que se estudia. En Latinoamérica es muy distinto cómo se vive comparado con Europa que ya es diferente entre sí, además del otro factor de quién o cómo estamos gobernados, es toda una conjunción qué nos lleva a vivir de diferentes maneras aunque la mayor diferencia valga la redundancia la hace cada uno.

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